Desde que comenzó con la aromaterapia, Judith colmó su casa de velas
y aromas. La casa era espaciosa, asi que podia jugar con los aromas y
los ambientes: Mandarina para la sala, Sándalo en la cocina, Limon en
los baños, Violeta en su cuarto.En cualquier área de la casa siempre
estaba una vela encendida y le dedicaba gran parte de su tiempo en
reponer los aceites aromaticos de sus "consentidas".
Un dia, de esos donde el calor hace que se callen hasta los
insectos, ella escucho una voz, o lo que creyó que era una voz, cuando
caminaba hacia a la cocina.
- "Cuidado"
Se detuvo, moviendo la cabeza con cara de extrañada y una sonrisa
irónica. No habia mas nadie en la casa y la voz no era de ella.
"Cuidado" volvio a escuchar, dicho por una voz queda y tibia.
Movió la cabeza en varias direcciones, ubicando el origen de la voz.
- "Cuidado"
Sus ojos no daban crédito a lo que escuchaba. La voz venía de la
vela. Primero afloró una sonrisa banal sobre su rostro, sonrisa que
cambió a rictus cuando escucho de nuevo:
- "Cuidado... con el muchacho de camisa negra"
- No puedo creerlo !
- "Ahora, cuando bajes a comprar jugo, un muchacho de camisa negra te va a atracar"
- Me debo estar volviendo loca
- "Escucha por favor, no digas absolutamente nada distinto a esto:
Tu novia no esta enferma, te esta mintiendo para que salgas a atracar"
- Tu novia que?
- "Tu novia no esta enferma, te esta mintiendo para que salgas a atracar"
- "Si no dices exactamente esto, vas a morir"
- Necesito Aire!
Salió azorada de su casa, pensando en conversaciones con velas y en
donde quedaba el manicomio mas cercano. No parecía muy lúcida en el
espejo del ascensor.
- Lo que me faltaba... ahora las velas me hablan.
Caminó hasta la panadería, iba a pedir un jugo, pero recordó lo que
la vela dijo y miró a su alrededor en búsqueda de alguien de camisa
negra. No vió a nadie y se rió de su estupidez, aunque pidió un café
-que no se tomó- solo por llevar la contraria. Pagó, y al salir de la
panadería, un muchacho de camisa negra le dijo:
- No digas nada y dame la cartera
- No puedo creerlo! - Alcanzó ella a gritar.
El silencio ya no existe, y la calle se convirtió en un mar de
gritos, mientras arriba, en el piso 3 y con una lágrima de cera
derretida, una vela se apaga.