No estaba muerta ni andaba de parranda, es que el cuerpo se cobra la trabajadera en exceso y el estrés de esta ciudad.
Después de varios días de dolor de cabeza y malestar generalizado, el viernes fui para el médico creyendo que había pescado algún virus. Cuando le conté mis síntomas, inmediatamente llamó a la enfermera para que me midiera la glicemia.
La enfermera me pinchó el dedo y, para sorpresa de las dos, no salía la sangre. Casi me tuvo que exprimir la gota necesaria para hacer la prueba. Mi glicemia estaba en 48 y el valor mínimo normal es 65. Además también tenía la tensión por debajo del nivel normal.
Con ese cuadro, es verdaderamente asombroso que no me haya desmayado, porque sin glucosa el cerebro no funciona (claro, no estaba pensando mucho ese día) y el cuerpo se enlentece para ahorrar energía.
Al parecer todo fue producido por un problema hormonal y después de la inyección que me recetaron me empecé a sentir mejor.
Hoy no he tenido dolor de cabeza y hasta vine al trabajo, donde debo confesar que no estoy haciendo mucho, pero quedarse en casa es peor y más con este día gris.
Algunas ideas buenísimas para escribir se perdieron en la maraña de mis neuronas faltas de azúcar, tendré que esperar a que se recuperen.