Me puse a escribir este post y, siguiendo con las Leyes de Murphy Navideñas, le dí a no se que tecla y se borró todo lo que había escrito (oigo en mi cabeza, la voz de Topocho que dice “salva, salva”)
Lo que quería decir es que me entristece despedir al año. No este en particular (el cual me parece que pasó demasiado rápido) sino cualquier año que ya se le saben las mañas y hasta se le ha agarrado cariño. Entonces, por obra del calendario, hay que sustituirlo por otro sólo porque La Tierra le dió la vuelta al Sol.
Y enfrentar un nuevo año es como tener un hijo. No sabes lo que te espera. No sabes muy bien que vas a hacer con él. Porque aunque hayas tenido muchos otros años, no hay ninguno igual al otro. Puede ser tildado de bueno, regular,malo, una mezcla de todo eso. No depende sólo de tí sino de todas tus conexiones. No es fácil.
Por eso me entristece dejar a mi año viejo, porque sé que no regresa y que tal vez no tenga tan buena memoria para acordarme de todos sus momentos gratos. Menos mal que existen los blogs. Así puedo revisar como anduvo este año y hasta ver foticos.
Por eso aprovecho para desear un Nuevo Año lleno de opciones (usted decide para que las quiere usar) a todos y todas quienes están tras cada blog, a quienes comentan, a los que están en Venezuela y fuera de ella, a los conocidos y desconocidos, a los que les gusta lo que escribo y a los que lo detestan, a los intelectuales y a los boboblogs. Y por supuesto, a Los Mismos de Siempre (no, Divinidad tu no estás en ese combo hasta que no me entregues la corona).
Al año nuevo lo pienso esperar pasaporte en mano, con tarjeta de crédito, monedas chinas para la suerte y moneda extranjera bien apretada en la mano derecha; a ver si se me cumple el sueño de viajar sólo con la cartera y comprar todo lo que necesite en el lugar donde llegue ¡Na´guará!