Estamos tan acostumbrados a lo que tenemos, que a veces no valoramos ese día a día, esa cotidianidad que damos por hecha.
Muchas veces nuestros pensamientos están en lo que nos falta, en lo que quisiéramos tener, sin darnos cuenta de lo que ya hemos logrado y cuanto cuesta mantener lo que ya logramos.
Por eso, no hay manera de no sentirme contenta porque una mujer que nunca he visto en persona, con quien nunca he compartido y con quien, posiblemente, no me encontraré jamás; haya sido rescatada después de pasar 6 años secuestrada y viviendo en medio de la selva.
Porque no es sólo no tener luz eléctrica, agua potable, ducha caliente. No es sólo no poder escoger que comer, que leer, a quien hablar. Es que te privan de tus afectos, del cariño de tu familia y amigos e inclusive de la posibilidad de escoger que pensar o que sentir porque estás expuesta en una situación estresante las 24 horas del día.
Esa frase de Ingrid Betancourt - …es como regresar de la prehistoria.. - me hace pensar mucho, me hace sentir. Me provoca dejar la oficina e ir a buscar a mi hija y esposo para pasar aún más tiempo juntos, me provoca acercarme a la gente que quiero en lugar de mandar mensajitos o leer su Facebook y me permite valorar mis pocas posesiones porque las obtuve con mi esfuerzo y porque me hacen la vida más cómoda.
Y también me revuelve lo social, lo humano, porque no puedo entender que seres humanos sean capaz de atentar de tantas formas contra otros sólo por el logro de sus objetivos (algunos disfrazados de objetivos colectivos).
La frase me hace pensar en los dinosaurios. Inmensos y poderosos, dominaron la Tierra, pero pasó su tiempo y sólo quedan fósiles y especulaciones.