Desde Nueva Zelanda han venido unas personas a conocer un proyecto que lleva adelante la organización donde trabajo. Es una oportunidad de intercambio bien importante y me ha tocado coordinar la visita de ellos desde antes de su llegada.
No ha sido nada fácil porque, además de visitar Caracas, van a tres ciudades de Venezuela y ya por ahí comienza el karma pues no hay conexiones directas por avión.
Pero más allá de esos detalles (y el alto costo de pasajes aéreos y hoteles), la semana pasada sufrieron en vivo y directo las dificultades y trabas que tiene Caracas para que algún extranjero pueda venir a conocerla.
Para empezar, si usted llega a Caracas después de la hora del check in del hotel podría encontrarse con que perdió su reservación porque tenía que dejar un voucher abierto para garantizar la reserva. Imaginen hacer eso desde el otro lado del mundo con un personal que no habla inglés y que aún en español no entiende nada de lo que se le solicita (no alojen a nadie en el Hotel Cumberland, la atención es pésima y el restaurant caro)
No hay en Caracas información acerca de la ciudad y que se puede conocer de ella. En los hoteles hay agencias de viaje que lo único que te ofrecen es ir a Los Roques o la Gran Sabana. El que viene por trabajo o con los reales contados no se entera de que puede hacer por los alrededores de su hotel. No hay manera legal de cambiar divisas y todo se hace secreteado y a dólar negro. Si quieres un chip para el celular tienes que atravesar media ciudad porque no lo venden en todos los agentes Digitel. Y cositas como esas.
Ellos están encantados de la atención que se les ha brindado en todos los centros de nuestro proyecto (que incluye lugares tan disímiles como Petare, Catia, La Castellana y Guarenas) por la calidad humana de la gente. Sin embargo, al segundo día de estar en Caracas quedaron un tanto asustados.
Y no fue que les brincó un malandro para robarlos, no. Fue que los paró la policía metropolitana ¿y saben por qué? ¡¡¡Por ir en un carro tomando fotos!!!
Así como lo leen, los policías los pararon en los alrededores de BECO en Chacaíto y les pidieron los documentos porque era sospechoso que estuvieran tomando fotos (¿los creerían de la CIA?). Yo les había dicho que cargaran sus pasaportes pero los dejaron en el hotel, por seguridad. Y los policías no le pararon ni medio a los venezolanos que iban con ellos e inmediatamente se los llevaron para el módulo que hay detrás de Beco y los revisaron.
Y querían joderlos porque les encontraron picadura de tabaco y dijeron que como podían estar seguros que eso no era droga y que había que hacerle análisis a eso, etc, etc. Obviamente, quien se quedó con ellos (mientras otros iban a buscar los pasaportes al hotel) se bajó de la mula con lo que tenía (90 de los fuertes) y los soltaron.
Desde ese día, hemos tenido que trabajar el doble para buscarles taxistas de confianza que los traigan y lleven, además de explicarles todo con lujo de detalles para que no los estafen o roben en cualquier esquina.
Y eso sin contar la vergûenza que me da lo sucia que está la ciudad, los huecos de las calles, la anarquía en general. Estoy rogando que se vayan antes de que les toque estar en medio de alguna protesta política, porque es lo único que les falta.